Le Monde
Una veintena de jóvenes ultima un programa para crear redes inalámbricas de alta velocidad cien por cien autónomas, que funcionarán a través de frecuencias wifi sin utilizar ninguna infraestructura existente. Conspirech / Wikimedia commons. Un edifico confortable y anónimo, en el centro de Washington, a unas calles de la Casa Blanca. En un pasillo de despachos al final del quinto piso, una veintena de jóvenes, en su mayoría hombres, trabajan discretamente, en un ambiente a la vez laborioso y distendido. Este pequeño equipo, formado por informáticos, juristas y sociólogos, está a punto de alcanzar la gran utopía de los hackers y de los militantes libertarios de todo el mundo: un programa para crear redes inalámbricas de alta velocidad, cien por cien autónomas, que funcionarán a través de frecuencias wifi sin recurrir a ninguna infraestructura existente, ni redes telefónicas, ni cable, ni satélite. Serán movibles, horizontales, enteramente descentralizadas y escaparán a cualquier vigilancia, porque el tráfico será anónimo y encriptado. Este ambicioso proyecto –denominado Commotion– está dirigido por Sascha Meinrath, 37 años, defensor desde hace mucho tiempo del Internet libre y precursor de las redes ciudadanas –dentro del colectivo de periodistas en línea Indymedia, después en la Universidad de Urbana-Champaign (Illinois), una de las cunas del software libre, y en diversos proyectos y Organizaciones No Gubernamentales de acción social. "Construí mi primera red autónoma hace diez años. Las antenas estaban hechas con latas de conserva". Desde esos tiempos heroicos Sascha Meinrath ha recorrido un largo camino. En su versión actual, Commotion es un proyecto de carácter oficial. Está organizado y financiado por la Open Technoloy Initiative (OTI), departamento de alta tecnología de la New America Foundation, una prestigiosa organización dedicada al estudio de los principales problemas de la sociedad estadounidense y presidido por Eric Schmidt, uno de los propietarios de Google. Gracias a este padrinazgo, Sascha Meinrath dispone de un presupuesto anual de 2,3 millones de dólares (1,6 millones de euros), a los que hay que añadir una subvención extraordinaria de dos millones, concedida por el Departamento de Estado. En efecto, los políticos estadounidenses están muy interesados en la tecnología de redes inalámbricas autónomas, ligeras y fáciles de instalar. Esperan poder utilizarlas pronto en diversas situaciones de emergencia: en zonas devastadas por una guerra o una catástrofe natural; en las regiones más desheredadas del planeta, donde la población carece de medios de comunicación modernos; y finalmente como " herramienta de camuflaje" en países dictatoriales, para favorecer la comunicación entre los disidentes políticos y entre estos y el resto del mundo, escapando a la vigilancia policial y a la censura. "A finales de 2010, recuerda Sascha Meinrath , me enteré casi por casualidad de que el Departamento de Estado había decidido apoyar este tipo de investigación. Presentamos un proyecto, que competía con los de otras organizaciones, y eligieron el nuestro. Los demás proyectos utilizaban en parte las infraestructuras existentes, mientras que Commotion las cortocircuita totalmente". " LO ÚNICO QUE HACE FALTA ES UNA MEMORIA USB" La subvención federal no ha conseguido transformar al equipo de Commotion en funcionarios. Josh King, 28 años, el responsable técnico, conserva su aspecto rebelde –vestido de negro de la cabeza a los pies, piercing y pelo totalmente alborotado. Su despacho está repleto de aparatos de todo tipo, que somete a minuciosas pruebas, porque Commotion ha de poder funcionar con un ensamblaje heterogéneo. Sus programas transforman un rúter wifi normal, un simple PC o un smartphone en repetidores inteligentes, capaces de detectar en tiempo real la configuración de la red y de seleccionar los datos para enviárselos a sus destinatarios o a otro repetidor más próximo a su destino. Además. Commotion puede conectarse fácilmente con el resto del mundo. Basta un solo dispositivo conectado a Internet para que todos los demás disfruten del acceso. " De hecho , resume Josh King, lo único que hace falta es una memoria USB que contenga los programas que deben instalarse en cada uno de los aparatos que van a formar parte de la red ". Una versión de trabajo completa estará disponible en septiembre, con el fin de que expertos de todos los países puedan estudiarla y hacer sugerencias. Sascha Meinrath no sabe exactamente quien descarga qué, ya que no queda ningún rastro de los internautas que visitan el sitio: "Si conserváramos una lista de los que nos visitan, nuestros servidores podrían ser pirateados por diferentes gobiernos –incluido el nuestro". Recientemente, la OTI ha recibido mensajes de activistas de las "primaveras árabes", que viven en Egipto, en Siria, en Libia, en Bahréin y en Yemen. "Quieren utilizar Commotion pero tratamos de disuadirles. Es demasiado pronto, no es seguro, sería arriesgado usarlo contra un régimen represivo. A pesar de ello, parece que hay grupos clandestinos que utilizan ya versiones provisionales, sin comunicárnoslo. Algunos interlocutores puede que sean agentes al servicio de las dictaduras, pero eso no importa, mostramos lo mismo a todo el mundo". Sascha Meinrath se ha puesto de plazo hasta 2012 para sacar una versión que pueda utilizar todo el mundo. Para avanzar más rápido, la OTI se ha apropiado sistemas creados por otros equipos. Para garantizar la seguridad, Commotion va a integrar los programas del proyecto TOR (The Onion Router), creado por un grupo de hackers alemanes y estadounidenses para circular por Internet sin ser detectado. En particular, TOR se ha utilizado para proteger las comunicaciones del sitio WikiLeaks –que divulgó en 2010 grandes cantidades de documentos secretos que pertenecían al gobierno de Estados Unidos. Uno de los creadores de TOR, el estadounidense Jacob Appelbaum, estuvo durante un tiempo muy próximo al equipo de WikiLeaks. En dos ocasiones, en 2010, fue arrestado por la policía estadounidense, que le interrogó sobre sus actividades dentro de WikiLeaks e intervino sus teléfonos y sus ordenadores. Por otra parte, Jacob Appelbaum es también amigo personal de Sascha Meinrath, que le llamó como asesor para la puesta a punto de Commotion. Para explicar esta situación paradójica, Sascha Meinrath alude a la "esquizofrenia" del gobierno federal. "Entre los responsables de Washington, todavía hay gente formada durante la guerra fría, que sueña con bloquearlo todo y supervisarlo todo, pero también hay jóvenes llegados con Obama que son partidarios de la transparencia y la libertad de expresión. En privado, muchos funcionarios del Departamento de Estado estaban muy enfadados al ver como sus superiores criticaban a WikiLeaks de forma tan violenta. Según ellos, esta podría haber sido la ocasión de mostrar al mundo que Estados Unidos sabe defender la libertad de expresión y la transparencia, en cualquier circunstancia". Actualmente, Jacob Appelbaum participa en un amplio proyecto denominado Freedom Box –un ordenador básico y barato transformado en servidor encriptado y seguro para todo el mundo. Sascha Meinrath planea integrar Freedom Box en la red Commotion, principalmente para beneficiarse de una función denominada "conexión diferida". " Por ejemplo, durante una manifestación reprimida por la policía, un manifestante hace una foto con un smartphone conectado a Commotion. Las autoridades cortan Internet ese día en el barrio, la foto no puede salir del país, pero gracias a Commotion, se almacena al abrigo, en una freedoom box local. Después, en cuanto se restablece Internet, la box envía automáticamente la foto a todo el mundo". " LAS EMPRESAS DE TELECOMUNICACIONES, ENEMIGOS POTENCIALES" La OTI aspira a integrar otros dispositivos experimentales, que permitirán a los usuarios compartir grandes cantidades de archivos pesados, realizar con Commotion llamadas telefónicas hechas desde móviles normales, transmitir datos en todas las gamas de frecuencia e incluso interconectar varias redes vecinas: "En julio, cuenta Sascha Meinrath, un equipo de hackers en camioneta construyó una red efímera, que cubría una zona de 60 km sobre 30, a caballo entre Austria, Croacia y Eslovenia. Es la prueba de que se puede ofrecer una conexión a Internet en cualquier zona fronteriza, si estar físicamente presente en el país". Commotion no está listo para un despliegue en las zonas de riesgo, pero ya se puede probar en Estados Unidos –por ejemplo, en los barrios pobres de las grandes ciudades, cuyos habitantes no pueden costear una conexión a Internet clásica. En Washington, en Detroit, y en una reserva india californiana, la OTI ha entrado en contacto con asociaciones de barrio y grupos de activistas que habían proyectado crear redes inalámbricas libres, para ofrecer a los habitantes el acceso a Internet gratuito. Gracias a su experiencia y a su agenda de direcciones, el equipo de la OTI ha proporcionado a estos aficionados una ayuda técnica y económica decisiva. Esta vez, los enemigos potenciales son las empresas de telecomunicaciones, que podrían presionar a las autoridades para que acaben con estas iniciativas ciudadanas a golpe de ley y de restricciones burocráticas. Sascha Meinrath es consciente de esta amenaza: "Nuestra tecnología va a remover muchas cosas, también en Estados Unidos. Si la gente empieza a construir sus propias redes, el modelo de negocio de los grupos de telecomunicaciones se hundirá. Nos esperamos que contraataquen brutalmente". Commotion tendrá que enfrentarse también a la hostilidad de las grandes productoras de Hollywood ya que puede facilitar la piratería de obras con copyright. Sascha Meinrath es al mismo tiempo fatalista y optimista: "Ya sea en Estados Unidos, Oriente Medio o en otros sitios, ¿quien va a poner en marcha estas redes alternativas? Los viejos, no, ya lo sabemos. Serán los adolescentes los que se encarguen. Las usaran para enfrentarse al orden establecido y también para compartir su música y sus películas. Esto quizá sea negativo para los titulares de derechos de autor, pero el balance global será muy positivo".
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sábado, 17 de septiembre de 2011
Commotion, el proyecto de un Internet fuera de todo control
Comunicado de la Red de Apoyo de Buenos Aires
La Rebelión Encapuchada
sacado de Metiendo RuidoLes dejamos esta columna, del historiador Igor Goicovich y profesor de hostoria de la USACH, tocando uno de sus temas de estudio: la violencia política. —– Nota H: Hemos colocado arbitraria y despotamientos ciertos topicos al articulo. Culpables. En cada ocasión que los estudiantes y las organizaciones populares se movilizan en el espacio público, los medios de comunicación al servicio de las clases dominantes chillan al unísono: ¡Violencia! Se suceden las imágenes de jóvenes encapuchados que levantan barricadas, arrojan piedras sobre la fuerza pública y destruyen parte del equipamiento urbano. Los conductores de televisión, los reporteros en la calle y una variada gama de opinólogos condenan rápidamente los hechos. Se suceden sin ningún rigor conceptual anatemas tales como: "Violentistas", "terroristas", "anarquistas", "lumpen", "delincuentes", etc. Pero nadie, no obstante, se ha preocupado de analizar de manera rigurosa las causas que precipitan la comisión de los actos violentos y mucho menos se ha intentado explicar el profundo trasfondo político que subyace a este tipo de protesta. Quienes protagonizan este tipo de manifestaciones son personas (mayoritariamente jóvenes populares), profundamente molestas con el sistema de dominación de clase existente actualmente en el país. Están molestos con el modelo económico que los explota a ellos, a sus hermanos o sus padres; están molestos con la estructura inequitativa de la sociedad que condena a una parte importante de la población a la miseria o al endeudamiento crónico; están molestos con la represión policial, que golpea cotidianamente sus poblaciones; están molestos con el imaginario simbólico que recrea un mundo de fantasía que sólo se encuentra disponible para unos pocos privilegiados. Existe un largo acumulado de tensiones, frustraciones y desencantos que se han venido acentuando y que, hoy día, en el marco de las movilizaciones sociales (estudiantiles, medioambientales, indígenas y recientemente de trabajadores), se expresan como rebeldía popular. Se trata de una rebelión espontánea, en la cual no se visibiliza con claridad ningún tipo de centralidad ideológica. No, a lo menos, como se observó en América Latina y Chile entre las décadas de 1960 y 1980. Tampoco se pude negar la existencia de organizaciones sociales y políticas que se reconocen en núcleos ideológicos, como el anarquismo o el marxismo, que participan activamente en los enfrentamientos callejeros. Pero, a mi juicio, estas organizaciones no poseen hoy día un control efectivo sobre dicho enfrentamiento. Es más, una parte de las acciones violentas que se han podido observar recientemente carecen de conducción política y de orientación ideológica: Por ejemplo, los ataques a pequeños establecimientos comerciales y el saqueo de colegios en la periferia urbana. No obstante, en estas acciones, así como en los ataques contra los grandes supermercados, las cadenas de farmacias, las instituciones financieras o los centros comerciales, existe un denominador común: La rabia. De ahí que estas acciones continúen expresando el profundo descontento social que la inequidad ha venido construyendo. Es más, la espontaneidad de las acciones violentas remite, incluso, a la forma escasamente estructurada que poseen los ataques contra los dispositivos represivos del Estado. La masa arremete contra carabineros sin planificación operativa alguna y, normalmente, armada sólo con los recursos que provee el medio urbano (piedras y adoquines). Por lo mismo, se puede caracterizar como una violencia de baja intensidad. Particularmente si la ponemos en relación con los conflictos sociales y políticos que se viven actualmente en Colombia, México o Brasil. Cabe señalar que este tipo de manifestaciones no son en absoluto novedosas. Por el contrario, a partir de la segunda mitad del siglo XIX se hicieron particularmente recurrentes. Cada vez que se producía una crisis económica que afectaba a la subsistencia de las clases populares o en cada oportunidad en que la legitimidad del régimen político experimentó un importante grado de deterioro, la furia popular irrumpió en el espacio público. Sólo por mencionar algunos hitos emblemáticos podemos referir, el motín de los tranvías de 1888, la huelga de la carne de 1905, el motín urbano de abril de 1957 y las protestas populares contra la Dictadura Militar del ciclo 1983-1987. En todas esas ocasiones, y en muchas más que podríamos enumerar, los manifestantes saquearon o intentaron saquear los establecimientos comerciales de la burguesía, atacaron tanto la sede de gobierno como los palacios señoriales en los cuales se regocijaba y ostentaba impúdicamente su riqueza la oligarquía, se enfrentaron con las fuerzas represivas del Estado y destruyeron parte del equipamiento u ornamentación pública. En todas esas oportunidades, además, la represión, al igual que hoy, actuó con particular saña y alevosía. Es importante señalar que en este tipo de manifestaciones siempre los muertos se encuentran en las filas de los que protestan; no de quienes reprimen. Por el contrario, quienes históricamente han masacrado al pueblo han recibió premios y ascensos; como fue el caso de Roberto Silva Renard, el general responsable de la matanza de la Escuela Domingo Santa María de Iquique en 1907. Mientras que hoy día los crímenes alevosos, como el de Manuel Gutiérrez, son calificados como "violencia innecesaria causando la muerte", lo cual supone para el criminal, en el peor de los casos, una condena de tres años de prisión. En el contexto de esta asimetría de fuerzas y de recursos los medios de comunicación al servicio de la burguesía cumplen la tarea de criminalizar la protesta popular. Pero lo que sucede hoy día con los medios de comunicación no es muy diferente de lo que ocurría a comienzos del siglo XX, en el contexto de la emergencia de la llamada "cuestión social". Efectivamente, las protestas obreras, que demandaban mejores condiciones laborales y de vida, no sólo eran violentamente reprimidas; también eran criminalizadas. Quienes protestaban eran "enemigos de la patria, de la propiedad y de la religión". Hoy, como ayer, existe un control monopólico sobre los principales medios de comunicación; tanto impresos (El Mercurio y COPESA), como en radio y televisión. Ello hace que la línea editorial referida a la conflictividad social se uniforme:
No obstante, lo que más llama la atención es esta verdadera ausencia de profesionalismo o rigor de los periodistas adscritos a estas cadenas, que no sólo no hacen su pega, sino que se convierten más bien en espurios portavoces del gobierno o de los patrones. A ese efecto habría que destacar que situaciones de violencia "estructural", como la desigual distribución de la riqueza, la explotación laboral, la expoliación comercial de las grandes cadenas de retail o la usurpación y represión de que han sido objeto históricamente los mapuche, o no concitan el interés periodístico o son rotuladas con eufemismos. Por ejemplo, estos medios jamás han hablado en el caso de Manuel Gutiérrez de asesinato o de alevosía. Se han referido a su deceso como "la muerte del joven poblador"; como si se hubiese muerto en su cama de causas naturales. Pero si han enfatizado en el arrepentimiento que habría mostrado el carabinero que lo mató. Estas violencias estructurales son, sin lugar a dudas, un factor clave en el desencadenamiento de las violencias reactivas que protagonizan los jóvenes populares. Otro aspecto particularmente preocupante es la configuración de un escenario de enfrentamiento "horizontal" entre quienes participan de las manifestaciones populares. Al respecto creo que es necesario considerar dos situaciones. Por una parte, se puede observar un importante grado segmentación social entre quienes protestan. Efectivamente, una parte de los estudiantes adscritos a las carreras profesionales aparentemente más exitosas (medicina, ingenierías, derecho, etc.), provienen de estratos socioeconómicos más acomodados o dotados de un mayor "capital cultural". Estos estudiantes universitarios se refieren a los jóvenes no universitarios (secundarios y subocupados), como: "flaites", "sopaipillas", "lumpen", etc., reproduciendo, de esta forma, el discurso estigmatizador y criminalizador del gobierno y los patrones. Luego, encuadrados en el discurso de la "manifestación políticamente correcta", se pueden llegar a convertir en delatores (cuando señalan a sus compañeros a la policía), o en agentes directos de la represión (cuando detienen y entregan a la misma policía a estos compañeros). Hay mucha irresponsabilidad en el gobierno, en los medios de comunicación e incluso entre algunos dirigentes sociales, cuando impelen a estas personas a enfrentarse con los manifestantes encapuchados. El día de mañana si se llega a producir un enfrentamiento fatal la responsabilidad política estará entre quienes incitan al conflicto fratricida. Otra línea de interpretación remite a los dos fundamentos constitutivos de la sociedad de clase en Chile: El orden público y la propiedad. Si debemos reconocerle un mérito a la oligarquía primero y la burguesía después, fue haber elevado estos dos principios a la condición de valores naturales; alcanzado incluso un importante nivel de transversalización social. Muchos creen, hoy día, que tienen algo que perder: Un auto, un pequeño negocio, la casa. Y lo meritorio del sistema fue haber instalado en este sector de la sociedad que la amenaza la constituye el "otro" desprovisto o precarizado. De aquí surge el viejo y reiterado discurso fascistoide de la "mano dura". Cualquier amenaza a la propiedad deviene en amenaza al orden público. En consecuencia el recurso a la represión se valida ampliamente. En este contexto la violencia encapuchada se convierte, también, en una rebelión simbólica y cultural. Es la rebelión contra todas las formas inveteradas que ha asumido la subordinación; es el rechazo al "mandé patrón", "como usted diga jefe", "perdone mi cabo". El encapuchamiento rompe con toda forma de subordinación y en cuanto ruptura constituye una disonancia no sólo para el Estado y los patrones, sino que, también, para quienes han internalizado el discurso oficial. No obstante encapucharse es un acto político, en cuanto expresa la voluntad de rebelión frente a las condiciones estructurales de la violencia (económica, social y política) y, por otro lado, es un gesto de desafío frente a la pusilanimidad con la cual se ha hecho política en Chile. uniendo fuerxas... SABADOS DE 18 a 21 hs. por fm GENTE DE RADIO 90.3 mhz y en www.uniendofuerxas.blogspot.com uniendofuerxas@yahoo.com.ar "...para que la palabra,cobre vida." |
jueves, 8 de septiembre de 2011
Barcelona: La Galle a la calle
Por Libertinus - Thursday, Sep. 08, 2011 at 12:14 PM En el marco de la campaña internacional por la libertad de Karina "la Galle" Germano se realizó en Barcelona (capital de Cataluña) una concentración en el consulado argentino reclamando su libertad. ![]() gallega-5466.jpg, image/jpeg, 800x533 En el marco de la campaña internacional por la libertad de "la Galle", el jueves 8 de setiembre, se realizó una protesta solidaria en la puerta del consulado argentino de Barcelona. www.enlavuelta.org/Barcelona-La-Galle-a-la-calle.html La Galle a calle ![]() gallega-5485.jpg, image/jpeg, 800x533 www.enlavuelta.org/Barcelona-La-Galle-a-la-calle.html La Galle a calle ![]() gallega-5499.jpg, image/jpeg, 800x533 www.enlavuelta.org/Barcelona-La-Galle-a-la-calle.html La Galle a calle ![]() gallega-5526.jpg, image/jpeg, 800x533 www.enlavuelta.org/Barcelona-La-Galle-a-la-calle.html Más información: http://barcelona.indymedia.org/news... uniendo fuerxas... SABADOS DE 18 a 21 hs. por fm GENTE DE RADIO 90.3 mhz y en www.uniendofuerxas.blogspot.com uniendofuerxas@yahoo.com.ar "...para que la palabra,cobre vida." |
DESAPARECIÓ UN MILITANTE QUE ACOMPAÑÓ A LOS QOM EN SU LUCHA: FERNANDO DIEGO PEZINI
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SANTA FÉ: REPRESIÓN EN LA CÁRCEL "MODELO" DE CORONDA
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